24 de junio

Un desconsuelo misterioso invade la oscuridad de mi alcoba, en mi cabeza aulla como una bestia que me perfora con la mirada, yace ahí, apenas donde se puede ver, asediandome, marinando su futura presa en miedo, sin embargo la raquítica luz que emite esta pantalla basta para equivocarme, como una diminuta puerta a una tierra vasta y bella me consuela este brillo, no obstante solo mis palabras pueden atravesar este umbral, dejando un cuerpo condenado al terror y la desilusión, a merced de la bestia por los siglos del tiempo que no ha llegado

No he muerto

No aún, eso es.

Se complica la existencia cuando tus ojos se abren, me confundes, derramas mi cuerpo en la infinita incertidumbre dejando mi mente caer en su lugar, presa a tus labios, esclavo de tus palabras, no significo mucho más que tu compañía.

Aun a veces​ me siento tan solo en tu compañía, es una de las cosas que aprecio de los silencios que asedian nuestros encuentros, no obstante el pensamiento de que quizá adoro las cosas equivocadas de ti trepa reptante hasta la cima de mi cabeza, para iniciar una avalancha de dudas ¿Siquiera soy digno de sonreír cuando te encuentro disponible? No me interesa, no en este momento.

Esta es una noche sumergida en una inmensidad tan terrible, que pensar en que el pasado puede influirme en esta posición es una aberración. Mi vida, a la deriva, desgastandose perpetuamente contra vidas ajenas, ha llegado a un punto tan tranquilizante como deplorable, donde absolutamente todo llega a perder significado, el miedo incluso se disuelve y se dispersa estando tan abajo sumido en tedio y cotidianidad, sin embargo tú, tú me cambias, contigo se siente todo menos distante, menos imposible, quizá sea porque tenemos ambos la pésima suerte de colisionar en nuestro camino al fondo, o porque soy ligeramente mas estúpido de lo estimado. El tiempo pasa, y mi océano de aburrimiento cuaja, encerrando algo de lo que fuí dentro, así se vive de este lado de mis ojos, lijando mi persona contra la ingente cantidad de tiempo que aguarda.

Mein Teil

Levantarse, sentir el cuerpo tortuosamente separarse de la conciencia, como levantar papel mojado, la desesperación trepa por las piernas apoderándose de la materia que recién abandonó mi ser. Máscara, me convierto en un disfraz, con venas corriendo por debajo, el tiempo se escurre con fuerza, no se ve, pero el escalofrío constante lo delata, mi piel se resquebraja, cae y se pierde en los confines de un lugar entre el silencio y el odio, todavía se percibe el liquido rojo que expele bajo mis pies, una mirada ajena brota desde mis ojos y flota sobre el charco carmesí, finalmente una gota de tiempo cae, pesado, brillante y denso burbujea en mi sangre, el tiempo se apodera, la sangre pierde toda su viscosidad y fluye sin complicaciones a través de las imaginarias paredes de mi confín, así se mide a un hombre, por el tiempo que su sangre pueda disolver.

El corazón palpita difícil, como tener arena en las arterias, sin embargo tu silencio canta lento en mis oídos para engañarme que no duele tu ausencia, todas las noches, destructor de sentidos, el mudo vibrar de mi piel con la arena dentro intenta arrestar el vacío, todas las noches, destructor de sentidos, en mi alcoba la oscuridad camina, adornada por la inseguridad, en ella el miedo vive, todo lo que vive muere, para mi basta con sólo tocar, la oscuridad me envuelve en su cadáver, todas las noches, destructor de sentidos, inhalo un poco de la esencia que olvidaste, para así negar el dolor, eres tú destructor de sentidos.

Tiempo profundo

Pienso que así como existe el espacio profundo, (cuya única definición correcta es el espacio que separa dos puntos para que no puedan compartir sucesos en la edad del universo) también existe el tiempo profundo, un tiempo aburrido, como un océano en el que flotamos con ganas de ahogarnos, el océano que nos separa a ti y a mi, en el que me hundes solo con el deseo de poder imaginarte, pero se disfruta la soledad que este tipo de tiempo me inspira, se siente el océano el que resido como un minúsculo charco de un liquido plateado y denso, que recorre mi ser deseando esconderlo bajo si mismo, las olas hambrientas consumen mi cuerpo, y yo, oculto en mi empaque de piel sólo me concentro en la sensación del tiempo, como mercurio llenar mis pulmones. La parsimonia con la que entrego lo que fui al cruento mar, me deja entrever una sonrisa de la muerte entre los barrotes de esta prisión conceptual.

Por lo menos compartimos estadía en este plateado caldero de almas.

De nuevo.

Sentado bajo una luz oscura para ocultar en el velo de la oscuridad el tiempo que se escapa, que se escurre mientras espero tu negativa y la lastima que me dedicaste, tintando un papel con la sangre que la espera reclama de mis ojos, versos de agonía, ilegibles pero claramente interpretables, espesas las letras, dura la pena, anclado a este momento.